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Una canción de Dorian dice:

abrí una puerta que se cerró tras de mí y no me duelen los amigos que perdí.

En los últimos años he comprobado la veracidad tras la aseveración. En el pasado recordaba con júbilo las fechas de cumpleaños de amigos y conocidos, sentía un ansia desenfrenada por felicitarlos a la media noche, enviarle alguna foto o mensaje que les mostrara que los tenía presente en mi día a día.

Escribir un mensaje de texto o simplemente compartir alguna canción o foto me llenaba de energía y ganas de vivir los momentos con un éxtasis y efervescencia que eran infalibles. Incluso decidir que era un chico Marvel y no DC resultaba más apasionante con las opiniones de mis amigos.

Me tomé la amistad como algo verdaderamente serio y veintiocho años después y con creces aprendí que es algo mágico y como sucede con la magia si no se cultiva desaparece. Me siento bien conmigo mismo y con la decisión de sepultar fantasmas del pasado, pero a veces pienso en ese ser de luz y amor que un día fui y me invade la nostalgia.

Es irónico que sienta felicidad y el tiempo me demuestre fortaleza y sosiego en mi devenir, mientras la vida y el porvenir se encargaron de matar la ilusión y la inocencia. Supongo que de esto se trata crecer o lo que algunos prefieren llamar madurar.

2016

Voy a sincerarme, el 2010 fue un año macabro. Pensé que no volvería a dar con uno así y tuve varios años de calma hasta que llegó el 2016. Mi productividad por aquí mermó, mis proyectos especiales continúan en pausa y yo sigo desgastándome y ahogándome más y más en este ciclo social de masas que me abraza y me estrangula.

Otro año en el que las realidades convirtieron los sueños en mitos y las metas en leyendas. Me había mantenido, quizás no optimista, pero si entusiasmado con cada nuevo año. Ahora es diferente, por primera vez me aterra pensar en el año nuevo, no preciso un nuevo camino, ni ningún comienzo. En realidad veo un nuevo tropiezo, otro manojo de conformidad y hastío con más bajas que altas.

En la caja de Pandora se quedó la esperanza, creo que en mi 2016 también quedó atrapada mi ilusión. Espero tener una mejor interacción con todos vosotros este año y ya os iré contando nuevas historias y aventuras.

Abraçades

 

El regne del nord bàltic

Fue una madrugada cuya fecha no anoté en mi manual, no sé decir con precisión si era demasiado tarde o demasiado temprano. Al salir de la habitación aguardaba un baúl y una carta arrugada con el sello de mi padre. Ninguno de ellos salió a despedirme, no se si era mi imaginación, podía escuchar gritos de júbilo y algarabía por toda la corte. En mi mente se quedó latente la imagen colorida de mi madre cantando de felicidad por mi partida.

No tuve tiempo para mucho, no agarré libros, ni mis cuadernos, ni siquiera el collar con el escudo de la familia. Horacio guío el coche hasta el puerto y antes de dejarme entonó un cálido abrazo y depositó un objeto extraño en mi bolsillo. Subí al barco sin saber adónde iba. Respiré hondo, me quedé en la proa para observar la navegación por las líneas ley y hacer algunos mapas. Entre el éxtasis de la ruta oscurecida e iridiscente y la incertidumbre sobre mi paradero fui dejando atrás las preocupaciones y los pensamientos vacuos.

La última convergencia me ubicó en un mar casi helado. Respirar el frío dolía en los pulmones y los huesos, pero revivía mi espíritu guerrero y el sabor salado de la sangre ya estaba presente en mis labios. Como a un prisionero me escoltaron desde el puerto hasta el puente donde otro caballero vestido de blanco, azul y negro me encaminó hasta el castillo.

estoniaEl cuarto que me asignaron era simple, paredes de piedra negra hacían juego con una cama vestida de un azul y la única ventana sólo mostraba nieve blanca que incluso entraba al cuarto y dejaba un rastro que aparecía y desaparecía con la ventisca. Abrí el baúl y allí estaba mi uniforme rubio, el color de la casa de mi padre. Instantáneamente comprendí todo. Me vestí y busqué el regalo de Horacio, una daga con el murciélago de la familia tallado en la base. Lo llevé conmigo y continué mi camino.

Toda la realeza asistió a mi compromiso con la printsess Eesti. Llegamos en botes desde el agitado y gélido mar que dividido en canales unía el salón principal. Una órbita de rompeolas hacían de la estancia un estanque salado y de aguas oscuras. Era necesario sumergirse para sentarse. Las aguas eran frías como los anfitriones. Sólo la abuela recibió el privilegio de estar junto a la reina, sentada en su falda donde sus pies desnudos no tocaban las aguas.

Me dedicó una sonrisa desafiante, mientras surgía de entre las aguas la princesa. No sé si fue un hechizo o un espejismo, pero mis ojos en cuanto vieron su beldad no quisieron contemplar nada más. Emergió potente, alta y esbelta. Su piel era del color de la nieve y sus cabellos como el ámbar relucían con cada brillo lunar que reflejaban las aguas.

Su traje blanco y mojado quedó ceñido a su cuerpo dejando de entrevisto sus encantos, era un espectáculo arrebatador para cualquier ser, humano o mágico. Un ceñidor negro colgaba de su cintura, como el de una diosa, y portaba una espada en su lado izquierdo. Sus cabellos estaban medio recogidos en el lado derecho detrás de una flor azul que no conozco y que quizás sólo sea posible describir en cantos.

Me sonrío y mi piel entera se erizó. Levantó la mano y me hizo ademán de acercamiento, hipnotizado y embrujado me moví entre las aguas y ya no sentía el frío, era un alma ardiente convirtiendo el agua en humo con cada paso. El rey impresionado saltó del trono y como una ola de furia, con su espada en mano fue tras de mí. Preparado para mi muerte, decidí mirarla hasta que me faltara el aliento. Sentí gotas saladas y ardientes en mi cara. Anonadado contemplé como la princesa atravesó con su espada ese rincón de la espalda donde puedes llegar directamente al corazón.

Los cortesanos comenzaron a gemir despavoridos. Dos caballeros salieron hacia la princesa parricida, pero yo tomé la espada del rey y mientras asesinaba a uno lanzaba mi daga al otro que se estremeció al sentir el filo penetrar su cuello. La hermosa joven se unió a mi espalda y en una danza mortífera fuimos acabando con todos los presentes hasta que las aguas del salón acabaron color escarlata.

Cuando pensé que todo había acabado, miré a la vieja que sonreía nuevamente mientras se ahogaba en una tos seca y horrorosa. Como una proyección la princesa fue desapareciendo en una estela de vapor que era a su vez consumida por la anciana. Sin tiempo a reaccionar la princesa aparecía nuevamente sentada en la falda de la reina y se volteó a estrangular a su madre.

Levitando descendió del trono y se acercó a mí. Me besó con furia hasta enredar su lengua con la mía y hacerme sangrar. No me podía resistir a sus encantos y lo vivido. Me entregué a ella en aquellas aguas con sabor a sal y muerte. El placer y el embeleso duraron hasta el alba. Me exigió un voto de sangre y me hirió en el pecho. Coloqué mis dedos en la herida y luego ensangrentados los deslicé por el meu uniforme groc y le susurré al oído,:

—Ahora iremos por mi reino…

El Chico de las Estrellas

9788408146872En ocasiones hay libros que llegan a nosotros sin buscarlos o quererlos, ya sea por la recomendación de un amigo, alguna fotillo que vemos en las redes o simplemente una portada cautivadora que te atrapa mientras caminas por la librería. Estas situaciones que menciono, me han pasado muchas veces y qué grandioso hado porque siempre da en el clavo con un libro perfecto para mi momento o estado de ánimo.

Fue por la foto que colgó un chico guapo que acoso en las redes sociales que di con El Chico de las Estrellas de Chris Pueyo. Brevemente, es impactante la historia de este chico que apenas tiene veinte años y va por un muy buen camino. No sé explicar lo ocurrido, desde la primera letra hasta la última mi piel se erizó y en más de veinte ocasiones puedo decir que sentí fusionarse la historia del Chico de las Estrellas con la mía. Un revoltijo de emociones que me encantó y desencantó.

En esta novela encontramos los traumas y miedos de muchos jóvenes en su día a día. La lucha del Chico de las Estrellas es la de muchos chicos que buscamos aceptación y encajar en un mundo enfermo y cruento, pero que en el proceso de adaptaciones experimentamos tantas emociones y experiencias dignas de ser contadas e inmortalizadas.

Marqué casi todo el libro, por lo que no me pondré a enumerar mis frases favoritas o a realizar un análisis psicológico de personajes y tramas. Prefiero felicitar a este joven por lograr una magna obra que puede llegar a conmover incluso a adultos o jóvenes adultos que ya vivieron muchas de sus experiencias.

El texto rompe con muchos de los cánones literarios, así como también con reglas gramaticales y lingüísticas. Como estudiante de filología que fui esto lo vi atroz, pero como licenciado en historia del arte que también soy, lo sentí magnífico, algo dadaísta. Es complicado, ni yo mismo me entiendo.

Las técnicas literarias me gustaron y ese afán con romper con la tradición y hacer al espectador parte de la obra es fenomenal. Ahora bien, el uso de la tercera persona y el abuso de la captatio benevolentiae es lo que señalo como negativo y lo que me impide dar una valoración y apreciación de excelencia.

Lo mencionado y que en mi caso, un fanático empedernido de los clásicos, el Romanticismo, el Donosti SoundAmaral y más que nada de La Oreja de van Gogh, (tengo tatuado guapa por algún rincón de mi cuerpo) sabe reconocer a leguas las letras de ellos. En muchos casos el autor hizo suyas estrofas de canciones de LOVG y Amaral y no se dio el crédito pertinente. Esto es un poco feo. Casi dos años tomando el autobús Toledo-Madrid y llegando a Plaza Elíptica me dio furia al leer Príncipe Pío, pero eso son issues personales, muy míos, muy de mi caos.En general, os invito a darle una oportunidad al Chico de las Estrellas, no se arrepentirán.

Califico este libro con un 4.5/5.

2016

Adiós Penny Dreadful

tumblr_o94z0sqh3S1tm3g4vo1_500En lo personal me afectó más el final de la serie Penny Dreadful que el “Brexit”. Hacía bastante tiempo ya, que no llegaba a nosotros una serie ambientada en una época pasada y que tan bien retratara el cosmos y la atmósfera de los años desarrollados. Es cierto que en algunos de los capítulos la intensidad, con la que arrancó la serie, bajó. También la capacidad de enhebrar las historias y el sincretismo histórico mermó.

No obstante, pese a esto que menciono, la estética romántica prevaleció y cumplió con todos los renglones de la cosmética del Romanticismo, tanto literaria como plástica. La oscuridad, la soledad, el héroe incomprendido, el amor, la muerte, el vanitas, la poesía, el Londres victoriano, la vida en el puerto, los gustos del momento, los diálogos entre personajes, la maldad, el sadismo, el anarquismo, la inmortalidad, la rebeldía, los prejuicios, entre tantas otras cosas, fueron recogidos y calcados como si en efecto estuviéramos leyendo Frankenstein o el Castillo de Otranto.

pennydreadful3040117rjpg-6da8ca_765wLas constantes alusiones a Tennyson, Shelley, Clare, entre muchos más, no solamente rescatan los clásicos románticos, nos hacen sentir su grandeza y en mi caso incluso el mismo rubor en la piel.  Me quedo con un sabor agrio en los labios, esta última temporada desarrolló personajes extravagantes y extraordinarios como la doctora Seward, la pequeña Justine y la tanatóloga Catriona Hartdegen. Arquetipos románticos que bien hubieran podido explotar otra temporada de ocho episodios.

Considero meritorio recalcar la escena de la batalla final en la cual los protagonistas van a salvar a Vanessa Ives, es un culto, una oda al Romanticismo puro y duro, cargado con dosis de gore y la médula de los penny dreadful históricos. En conclusión, y por enésima vez citando a Baltasar Gracián lo bueno si breve dos veces bueno. Señalo finalmente el excelente reparto escogido y la magnífica actuación de Eva Green como los pilares de esta grandiosa serie.

A pesar de que historias, como la de Mina, Drácula y Dorian Gray, no alcanzaron el clímax añorado, califico esta serie con un 9/10.

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El “Brexit” desde el otro lado…

Es poco, por no decir que vacuo, los efectos que la tendencia del momento #Brexit puede tener en América y más concretamente en América Latina. Acá a este lado con “Brexit” o sin Brexit continuaremos con las mismas vicisitudes y obstáculos. Y es que en los medios informativos se ha tornado una atmósfera catastrófica en las que se pretende mostrar una futura salida del Reino Unido como el apocalipsis o el armagedón.

En mis cursos de Unión Europea, también soy ciudadano europeo por ius sanguinis, y en los coloquios en Bruselas, Madrid y Maastricht aprendí bastante sobre el funcionamiento de la UE como organización y el gran mito que se construyó y levantó sobre el mismo. No debo olvidar que tanto profesores españoles como belgas, mencionaban las constantes peculiaridades británicas con un tono de recelo e ira. Incluso comentarios como “total para lo que componen los británicos” o “esos de UK siempre tan arrogantes” los escuché en más de diez o quince ocasiones.

Quizás duela ahora a ese corazón europeísta, pero considero que en la mentalidad común siempre se vio al Reino Unido como un aparte, que no se unió a la Eurozona y tampoco a la política de libre desplazamiento. Reconocemos que en varias ocasiones, pequeñas crisis, la Unión Europea ayudó y lanzó el salvavidas al Reino Unido, mas Estados Unidos infinidad de veces ha “ayudado” a  Medio Oriente, América Latina, África y la hermandad no ha seguido. Queda feo sí, pero no es un crimen internacional.

Si decimos llamarnos demócratas, debemos recordar que un referéndum es una de las máximas representaciones de la Democracia y pese a no ser una victoria abrumadora no olvidemos que decidimos seguir este modelo en el que la mayoría manda. Se acusa y señala una y otra vez la arrogancia británica como causa y ahora el caos en las redes es la caída de la libra.

Como he dicho, este análisis es desde el otro lado, aquí nuestras vidas siguen iguales, no hay guerra mundial, no hay guerra civil, aquí nos toca preocuparnos por el vecino que sigue en guerrillas, por las medicinas que no llegan a Venezuela, por la pobreza que hay que erradicar y la sociedad que hay que educar. Creo que tenemos problemas más severos de los que ocuparnos.

Lo que a mi juicio veo como gran lección o al menos como factor más importante de este referéndum es la caída del mito europeo. África, América del Sur, países asiáticos e incluso, aunque en menor medida, Norteamérica, siempre miraron a Europa como un ejemplo a seguir, una motivación e inspiración que más allá de conflictos como la crisis de Grecia o los refugiados, cosméticamente siempre era esperanzador y motivador.

Es el mismo conflicto psicológico que enfrentan muchos de mis amigos y allegados al ver como su ídolo se les cae o al menos cojea. Vuelvo y repito, no estamos en los Estados Unidos de América dónde si un Estado decide salir de la unión hay que ir a la guerra y si nos hacemos llamar países democráticos, como exige la Unión Europea para ser parte de su club, respetemos las decisiones que toman los otros y no comencemos una campaña de insultos raciales cargados de complejos y estereotipos históricos.

Cómo me duele

Son muchos los que hoy se identifican con una causa y nos acompañan desde la distancia y las redes en el sufrimiento y el llanto. Gracias, de verdad que gracias por ello. Aun así, son pocos los que saben lo que es vivir con miedo. Un terror que alcanza infinidades de magnitudes, que te acompañó en el colegio, te acompaña en el trabajo y te acompañará en cada lugar y en cada momento de tu vida sin importar la edad o la latitud en la que te encuentres.

Cómo me duele mirar al pasado y recordar las burlas y humillaciones que recibí no sólo de compañeros de la escuela, también de familiares, feligreses e incluso de amigos. Es un dolor crudo e incruento que vas sepultando dentro de ti, que intentas maquillar con sonrisas y gestos vacuos, pero que te desgasta y carcome por dentro.

Cómo me duele ver las redes sociales, leer los diarios y escuchar personas que alimentan doctrinas y pensamientos, por una fe vana y uno valores cuestionables. Esa hipocresía selectiva y colectiva es la que me enerva y más me enferma.

Pocas personas pueden alcanzar a imaginar la agonía y la angustia que envuelve mi dolor. Ese “maricón” que te gritaron en primaria, esa condena perpetua por parte de tus padres y familiares, dado que su “Dios” de amor, condena y castiga a los impuros e infieles, esas carcajadas que escuchas detrás de cada chiste o broma que involucra “gais” y es acompañada de un tono afeminado y burlesco, esa justificación social que hay a todo lo malo que nos sucede, porque simplemente “nos lo merecemos”…

Son tantas y tantas cosas las que me atormentan y en ocasiones como esta detonan. No importa el lugar adónde vaya, la sociedad me ha enseñado que debo agachar la cabeza o suprimir lo que siento y lo que soy, sólo por encajar en su estuche de valores de bolsillo y no ser una víctima de situaciones como la que hoy pasó en Orlando.

Soy un ciudadano más, que pagas sus cuentas, estudió, trabaja, rinde contribuciones y cada día que pasa se decepciona más del “sueño americano”. En conclusión, y como me ampara la constitución, soy uno más igual que el presidente, igual que una mujer de clase media o igual que una persona que con tanto celo grita y predica su heterosexualidad.

La persona con la que decida compartir  mi cama y mi vida no me hace ni mejor, ni peor persona que el resto. Es irónico como una persona en los Estados Unidos, y muchos otros países, puede pasearse con un arma de fuego y sentirse orgulloso y yo debo pensarlo dos veces antes de tomarle la mano a mi pareja.

Cómo me duele este mundo intolerante y radical en el que estoy viviendo. Cómo me duele la incomprensión y la intolerancia. Pero también me duelen los “buscones”, los políticos de pacotilla y los “reyes” de las redes sociales que se aprovechan de mi dolor y de mis miedos para subir más alto en el escalafón social.

La mente me da vueltas y al final todo se resume en miedo. Miedo a salir por unas copas, miedo a ser quien soy, miedo a demostrar afecto a mis amigos, miedo a que en el trabajo se enteren, miedo a seguir siendo la burla que era en el colegio, miedo a pensar en que me espera el infierno, bueno como dijo Sartre “el infierno son los otros”. 

El infierno es esta sociedad enferma y este mundo cada día más repulsivo.